Ropa Interior

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La cuestión es que  mientras Erasmo  lavaba sus zaragüelles (por primera vez después de habérselos encontrado hace un par de semanas, hurgando en la basura de Doña Ester) se le acercó muy asustado Cholito Manolo, un joven (o recién iniciado) vagabundo:

No pue’, Don Erasmo’, como se le ocurre —le dijo—. Esa agüita viene directa del zanjón oiga oh: una vez metí las manos ahí, se me infectó una herida en el  dedo y tuvieron que cortarme la manito entera.

El veterano Erasmo, sin sacar las suyas del agua, le aclaró:

Estas aguas son como las mujeres poh, compaire’. Por eso Cholito, que ninguna te coma los huevos.

Acto seguido, se puso los zaragüelles (todavía húmedos) y comenzó a caminar, mientras  el agua bajaba sacando el piñén de sus piernas.

—Fin—